LA MANSIÓN DEL TERROR
Sobre la Avenida Montes de Oca, casi frente a Constitución
se encuentra esta imponente mansión de otro tiempo. Varias historias terribles
se cuentan sobre ella. Algunas, quizás basándose en las inquietantes estatuas
de leones devorando hombres que habitan sus jardines, hablan de señoritos
comidos por las fieras. Otras, no menos espeluznantes, de una mujer vestida de
negro que se pasea por la mansión en la noche.
Pero los leones huyen despavoridos y la dama de negro se
pone pálida ante el fantasma de mayor jerarquía que habita la casa: el fantasma
de la polio.
Ocurre que en la mansión, situada estratégicamente entre la
Casa Cuna y el Hospital María Ferrer, funciona desde hace décadas el Hogar
Respiratorio, donde viven todavía hoy algunos de los pocos sobrevivientes de
las terribles epidemias de polio que asolaron el país en la década del 50.
Ocasionalmente salen notas sobre ellos en los diarios, o se los presenta como
ejemplos de vida, pero esto ocurre ocasionalmente. La vida lleva toda una vida,
y en este caso dentro de un pulmotor la mayor parte del tiempo.
Les dejo algunos vínculos en los que ellos mismos cuentan la
historia. Por más que hayamos hablado de polio en la clase sin estos
testimonios el tema puede quedar francamente incompleto.
“Matar a un ruiseñor” es una película norteamericana de
1962. En ella el protagonista, Atticus Finch, procura enseñarle a su hija que
uno jamás debe opinar sobre un hombre sin ponerse en sus zapatos. La nena no
solo aprende sino que va más allá. Se da cuenta que a veces, si uno es
sensible, no hace falta tanto para entender el sufrimiento.


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